Ética, estética y logística: las encrucijadas del turismo accesible

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En medio de los ecos de la celebración de un Día Mundial del Turismo 2016 dedicado a la accesibilidad, conviene hacerse algunas reflexiones. El año 2017 estará dedicado al turismo como instrumento para el desarrollo sostenible, según han declarado las Naciones Unidas, y este reto incluye también y necesariamente la accesibilidad universal.
En este contexto, es lo más frecuente que cuando se habla de turismo accesible se concentren los mensajes en la accesibilidad física y en las infraestructuras.

También vemos cómo han crecido exponencialmente las innovaciones tecnológicas que facilitan la accesibilidad y nos alegramos por ello. Sin embargo, creemos que la accesibilidad universal es una filosofía que va mucho más allá y está indisolublemente ligada al turismo responsable, que será nuestro guía en el 2017 y esperemos que por mucho más tiempo.

El concepto de accesibilidad universal nos hace recordar no solamente las diversidades funcionales más visibles, sino todas aquellas situaciones de viajeros con necesidades logísticas especiales como por ejemplo: familias con niños, mujeres embarazadas, personas con movilidad reducida por cualquier circunstancia temporal, seniors en general, colectivos con discapacidades cognitivas, colectivos con bajo nivel cultural y de alfabetización, migrantes sin conocimiento de la cultura local del destino, y un largo etc.
Pero basta darse una vuelta por cualquier destino turístico de moda para encontrar por doquier entornos poco amigables, carteles ilegibles, ascensores hiperestrechos y escaleras imposibles. Podemos seguir con la falta de espacios de recreo y juego, la falta de espacios de práctica religiosa, o de adaptación de los mensajes de información turística a la creciente multiculturalidad de la sociedad en los países emisores y receptores de turismo, que en muchos casos son los mismos.

La respuesta a la diversidad creciente de la sociedad también es accesibilidad universal y desde luego estamos muy lejos de ella, pero no vamos a llegar sólo con adaptación del entorno físico o de los canales de comunicación. En este caso y como casi siempre, la asignatura pendiente es la formación y capacitación de recursos humanos capaces de interpretar la multiculturalidad y la diversidad de los turistas, y de adaptar la realidad de los destinos a sus infinitos perfiles. Sin este tipo de recursos humanos no se puede entender el turismo experiencial ni los destinos inteligentes. Es necesario abordar de forma planificada y a largo plazo la formación de este tipo de personas claves en todos los niveles de la industria del turismo y la hospitalidad.

De otro modo, la accesibilidad seguirá siendo una cuestión marginal y de ghettos en el crecimiento turístico internacional, más allá de la infinidad de buenas intenciones que han salpicado en estos días todas las celebraciones del Día Mundial del Turismo a lo largo y ancho de la Tierra.

Sólo en el marco más amplio del turismo responsable puede entenderse y enfocarse la accesibilidad universal; frente a una humanidad que, a pesar de esa cosa llamada globalización, no renuncia a la riqueza de sus diferencias físicas y culturales.
Vamos juntos a por ello en nombre de una industria turística más amable y con ella de un mundo más habitable.

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